Se está terminando el año. No sé si es bueno o no. Es algo que pasó y punto. Esta vez me animo a hacer uno de esos odiosos balances.
Fue un año convulsionado, de cambios y mucho estrés.
Vi sufrir a gente muy querida.
Aina estuvo muy mal de salud y pensé que la perdíamos. Pero se recuperó y está mejor que nunca, pesadísima.
Nos mudamos a un departamento mejor distribuido, más luminoso y en un barrio más tranquilo.
Conseguí un laburo al fin, y me siento bien con él. ¡No lo odio! Y encima fui reconocida por mi buen trabajo. Nunca me había pasado, se sintió bien.
Me obsesioné con James Spader y me divertí muchísimo viendo toda su filmografía (creo que fue mi parte favorita de este año).
Entré en crisis a fin de año, replanteándome muchas cosas que daba por sentadas. No sé si está bien o mal eso: es algo que pasa y tengo que aceptarlo.
Cambié 3 veces de psicólogo y volví con la que me atendió del 2020 al 2024. Gasté muchísima plata en coleccionismo y, qué sé yo, es algo que tengo que aprender a manejar (claramente estoy compensando un malestar conmigo misma).
Me abrí a conocer gente nueva y me pone muy contenta haberlo hecho porque me demostré a mí misma cuánto cambié y crecí con los años.
Volvió Tsuzumi a ME:I, ah. Sí, una frivolidad, pero me puso muy feliz saber que está tan bien que puede presentarse de nuevo.
Fui a 6 recitales y todos me gustaron mucho.
Volví a viajar sola, esta vez a Bariloche. No fue Japón 2023 pero nada puede superar un viaje para cumplir un sueño, seamos realistas.
También volvimos a Mar del Plata y nos quedamos en un departamento en el mismísimo Parque San Martín, justo frente al mar.
Me dejé estar mucho con mis hobbies y con el cuidado de la casa. Ni siquiera pude mantener mi diario. Extraño escribir en él pero no me sale, no puedo.
I tried to hold on to the way that I am
But I'm changing, I'm changing